sábado, 3 de abril de 2010

Referencias paganas del Jesús histórico



“O Haupt voll Blut und Wunden”, de la Segunda parte de la Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach.

Oh cabeza cubierta de sangre y de heridas, de dolor y de escarnio. Oh cabeza, ultrajada y coronada de espinas. Oh cabeza, tan hermosa antes y tan venerada y ahora objeto de tantas afrentas: ¡Bendita y alabada seas!”

Desde Albert Schewitezer se impuso una cautela acerca de la historicidad de todos los datos suministrados sobre la figura de Jesús. En este sentido Crossan no acepta la concepción divina de Jesús como historia factual, pero cree que Dios se encarnó en la pobreza campesina de Jesús. No obstante el mismo historiador judio Flavio Josefo en sus Antigüedades Judías (siglo I) señala:

Por estas fechas vivió Jesús, un hombre sabio...Pues fue autor de hechos extraordinarios y maestro de gentes que aceptaban la verdad con agrado. Y fueron numerosos los judíos e igualmente numerosos los griegos que ganó para su causa. Y aunque Pilatos lo condenó a morir en la cruz por denuncia presentada por las autoridades de nuestro pueblo, las gentes que lo habían amado anteriormente tampoco dejaron de hacerlo después,........Y hasta el día de hoy todavía no ha desaparecido la raza de los cristianos, así llamados en honor a él.(18, 55-59).

lunes, 22 de febrero de 2010

Cínicos

Diógenes de Sinope. Recreación historicista del pintor Jean Léon Gérôme (s.XIX). Walters Art Gallery, Baltimore, U.S.A.

Una reseña del libro de Michel Onfray: Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros. Editado por Paidós. Buenos Aires, 2002.
El autor descubre con Lucrecio (De rerum natura), de una manera lúcida (a través de la ironía), la realidad: una sumisión humillante a la ilusión, al artificio y a las creencias inútiles, un sacrificio constante a los mecanismos de alienación y avasallamiento de las singularidades, a las mitologías gregarias y a todo lo que sitúa a los hombres en un teatro donde la tragedia y la comedia se reparten el dominio. Y a la par, el fármaco, para superarla: que el hombre solo puede dar sentido a su existencia dependiendo sólo de sí mismo, ejerciendo el dominio sobre sí, trabajar la voluntad y hacer de sí un objeto que habrá de transformarse en sujeto, domesticar lo peor y practicar la ironía. En definitiva: construirse uno mismo. Reivindica la filosofía antigua la "presocrática" precisamente por ello; porque facilita al hombre su mejoramiento, su realización, librarse de sus tribulaciones, liberarse.
Que duda cabe que estamos ante un pensamiento materialista ateo, una ética pragmática, una ética sin Dios. Son precisamente la inexistencia o muerte de Dios las condiciones que provocan una ética de recambio.
Michel Onfray me fascina porque en esta etapa nihilista es un arquitecto de valores; su prospección "subversiva" (al desechar de manera radical lo cristiano) llega hasta la veta inagotable del pensamiento antiguo contrario al cielo idealista de Platón.
Pero ¿qué es el cinismo filosófico ?. No es el cinismo vulgar: altanero, hipócrita, demagogo y mentiroso; que condiciona la acción a la eficacia sin considerar nada más (¿pragmatismo? ¿el fin justifica los medios? ¿realismo político?), que dice una cosa y hace otra; que promete un futuro sacrificando el presente. La misma acción política es hija de este cinismo vulgar (es de la misma naturaleza que la escatología religiosa: prometer el futuro sacrificando el presente). Hacer del prójimo un medio quebrantando su dignidad con el objetivo de conseguir los propios fines. Por contra el cinismo filósofo es precisamente un antídoto frente al cinismo vulgar; por cuanto sirve en primer lugar para desenmascarar la hipocresía y, sobretodo, para sanar de esta enfermedad transmutando los valores. Los filósofos cínicos desnudan nuestra vida y juzgan nuestras quimeras.
Son llamados perros; el propio Diógenes gustaba de ser llamado así; desde luego tienen una manera incisiva de practicar la sabiduría. Lo salvaje como rebeldía ante el mundo frente al que se reivindica que en esa relación con él, sea el hombre el que controle sus condiciones de vida. Austeros. Insolentes. Irónicos (el gallo desplumado arrojado a los pies de Platón para demoler aquello de bípedo implume). Sarcásticos. Hedonistas (donde el placer es un medio y no un fin) antes que ascéticos como mejor remedio para calmar la tensión del deseo; y además en pro del dominio de una voluntad libre, no esclavizada ni por el deseo, ni sometida al calvario de la culpabilidad.
Lo real no debe ser un obstáculo, sino una compañía circunstancial donde la meta es siempre el dominio de uno mismo. Por ello el renunciamiento ascético por su dureza puede conducir a la neurosis. La alienación en pro de un imaginario hipostático; es decir lo ideal; se desecha por lo auténtico; lo real; nuestra condición carnal, animal. Armonía del hombre con el mundo real; no con el mundo ideal, perfeccionista, inalcanzable. Vivir con provecho lo cotidiano.
El fin de la filosofía cínica es la felicidad. Sólo el hombre libre -el que no teme a nada, ni espera nada- (liberado de la opinión de la multitud) y que vive de conformidad con la naturaleza es feliz. Así estamos ante una filosofía individualista (nihilismo social) en rebeldía frente a las instituciones que quebratan nuestras singularidades. Una filosofía en pro de la existencia humana. Una filosofía médica de la civilización: porque los hombres están enfermos de no saber vivir en libertad; y es que con frecuencia contribuyen ellos mismos a su propia alienación. ¿Serán los libertarios los cínicos contemporáneos?.
Incluso hecho esclavo por vicisitudes del destino, el propio Diógenes -cuenta Onfray- era un hombre libre. Valoran más el propio ejemplo de su vida que su palabra. Y todo ello a través de estrategias subversivas como el humor iconoclasta. Deconstructores de la moral por considerar que los valores son fundamentalmente relativos, convencionales. Transmutadores de tales valores. No, no sería su crítica tanto la de una anticultura sistemática, como la de una contracultura metódica. Ateos, contrarios a todo poder constituido, pacifistas. El proyecto cínico no es colectivo, sino un proyecto de revolución singular.
Decía Nietzsche refiriéndose a la historia del pensamiento: ¡Qué bellos son los griegos!. Creo que bajo la lava solidificada de nuestra cosmovisión judeo-cristiana existe un magma subterráneo que nos dice otra cosa, y que puede ser una ética de recambio, en particular, para todos aquellos que creen que muerto lo cristiano y lo pseudocristiano no hay nada, y así nos está permitido todo (nihilismo individual). Contrariamente a esto existe toda una masa ígnea que permite señalar un sistema individual de valores cohonestable con una intersubjetividad pacífica entre los seres humanos. O sea; la construcción desde cada hombre y cada mujer de una ética individual que tenga por sólo límite la esfera individual de los demás.
¿Es posible cohonestar esta filosofía tan lúcida, tan antigua y fresca a la vez, con lo cristiano tachado desde esta perspectiva, de platonismo para las masas?. ¿Puede ser el hombre, libre y auténtico, aceptando una moral no autónoma sino heterónoma, dada?. Lo cierto es que nuestro feliz y querido filósofo ha dedicado otro sugerente libro sobre ese intento por compatibilizar lo epicúreo con lo cristiano: El cristianismo hedonista. Contrahistoria de la filosofía, II. Editorial Anagrama. Barcelona, 2007.
En esta última obra se hace una semblanza de los heresiarcas: Para empezar, los gnósticos licenciosos como Simón de Samaria -alias el Mago- (siglo I), quien manifiesta que estamos salvados por la gracia: santificaos los unos a los otros (amar al prójimo y ya está). Basílides (siglo II), quien señala que Jesucristo muerto pero de risa, se da el cambiazo (docetismo) en la cruz por Simón de Cirene; y esta broma es en realidad una invitación a abjurar antes que llegar al martirio (¿por qué morir por las Ideas?. Valentín (siglo II), también cree que estamos salvados; por eso frente al ideal ascético propone la afirmación absoluta de la carne. Carpócrates (siglo II), aboga por una sexualidad sin complejos. Epifanio -hijo del anterior- (siglo II), se pregunta ¿por qué Dios nos da el deseo y el placer si no es para usarlo como regalo?. Cerinto (siglo II), para quien el Reino de Cristo no está en los cielos, sino en la tierra; que la salvación se produce en la tierra con las condiciones que conocemos (¿es premonitorio del etsi Deus daretur?. Nicolás -de los primeros diáconos elegidos por los apóstoles- que hace toda una ontología de lo negativo (Prunikós o Barbelo -divinidad consagrada a la lujuria- ), desde una perspectiva que parte de constatar la crueldad de este mundo, para llegar a la conclusión de que la procreación aumenta a su entender la negatividad.
Del siglo II al IX (tenemos en el 622 la Hégira de Mahoma -una catástrofe nunca llega sola, dice Onfray referida a como lo musulmán entre en escena tras lo cristiano-) el espíritu libre (expresión que hace referencia a toda una suerte de constelación hedonista frente al ascetismo) va haciendo progresos subterráneos. En el siglo IX Juan Escoto sienta las bases de la herejía de Amaury de Béne (siglo XIII): el infierno no existe; Cristo ha borrado los pecados de este mundo. Estamos redimidos para siempre. El infierno es la ignorancia; el no saber. El paraíso es el conocimiento de la verdad: Dios es alegría, risa, no lágrimas. La resurreción es el conocimiento de esta verdad: nos salvamos en este mundo terrenal a través de la caridad con nosotros mismos. Para Willen Cornelisz de Amberes (siglo XIII) la indigencia avala el robo contra la propiedad (¿precursor de lo anarquista?). Los pobres son los inocentes; y también el libertino. Estamos en el siglo de los movimientos franciscanos; aquí abreva Bentivenga de Gubbio (siglo XIII), quien piensa en la inocencia del devenir; que no es necesario el sufrimiento; la gracia y la caridad son consubstanciales a todos los hombres. Somos inocentes insistirá en el siglo XIV Walter de Holanda. Y también lo dirá Juan de Brno (siglo XIV) -aunque luego termine colaborando con el Santo Oficio-; y desde esta inocencia edénica se reclama una libertad integral aunque lo que sucede no puede no suceder. Por la misma época un auto de fe en Holanda contra las llamadas Hijas de Udillynda nos ilustra de como el ideal ascético más que como fin es tomado como medio; como un trance chamánico para llegar al placer. Otro coetáneo auto de fe, contra Johannes Hartmann de Amtmanstett (alias Juan el Tejedor) porque en definitiva traslada la idea de que no existe el pecado y de que no somos pecadores, no somos culpables. En el siglo XV un carmelita heterodoxo, Willem Van Hildervisseme de Malines, se interroga sobre el porqué de añadir mortificaciones a este valle de lágrimas que es el mundo. En el XVI Eloi de Pruystinck es demasiado revolucionario para el mismo Lutero; no, no se trata de no hacer al otro lo que no querríamos que éste nos hiciera, sino de hacerle lo que quisiéramos que éste nos hiciera (¿imperativo categórico hedonista?). No podemos renunciar a la posibilidad dada por Dios de vivir en el placer (Quintin Thierry), siglo XVI.
Pero es que este paralelismo es incluso detectado antes de lo cristiano. Así, la secta de los saduceos, es tempranamente tildada de epicúrea por los fariseos. No obstante el primer intento abierto de cristianismo epicúreo es el de Lorenzo Valla (siglo XV). Cree en Dios, en el Cristo. Y -asombro inaudito hasta entonces- en su obra La donación de Constantino sostiene que el documento alegado por la Iglesia para legitimar y justificar su poder temporal es falso de cabo a rabo. La Iglesia no puede estar en lo político viene a decir Valla sino seguir las bienaventuranzas. Basta con creer. Basta con la fe. En cuanto al placer: No se debe amar a Dios a la manera estoica, por obligación, sino por la felicidad que consiste en alejarse de las pasiones tristes y a la vez de los goces que nos alienan. El placer es un medio que nos acerca a Dios; si bien el sumo placer no está en la tierra, sino en los cielos.
El celebrado filósofo francés dedica la portada del libro a un compatriota suyo: Michel de Montaigne (siglo XVI). ¿Otro filósofo práctico alejado del cielo platónico?. A favor de lo católico, pero no a ciegas. ¿Fideísta?. ¿Un epicúreo cristiano?. ¿Deísta?. ¿Qué es ser cristiano para Montaigne?. Ser justo, caritativo y bueno; y nada más.... De manera brillante Onfray sintetiza el sentido hedonista de Montaigne en estas palabras: el tiempo que fluye invita a la eternidad de un placer intensificado por el júbilo.
¿Entonces qué es la moral?. Comentando a Pierre Charron (siglo XVI) Onfray concluye que es lo que jamás habría debido dejar de ser: una propuesta de reglas de buena conducta tendente a una intersubjetividad pacífica y alegre.
¿Qué decir?. Un viaje fascinante por los precursores de lo libertino (en el buen sentido del término libertinus: emancipado de ideas previas). Una objeción: Lo difícil con estos mimbres de confeccionar algo más allá de una revolución singular en cada individuo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Felices Fiestas. Saturnalia navideña.




Oy comamos y bebamos y cantemos y folguemos que mañana ayunaremos.
Por onrra de san Antruexo paremonos oy bien anchos, enbutamos estos panchos, rrecalquemos el pellexo, que costumbres de concejo que todos oy nos jartemos, que mañana ayunaremos.
Honremos a tan buen santo, porque en hambre nos acorra, comamos a calcaporra, que mañana hay gran quebranto. Comamos, bebamos tanto, hasta que nos reventemos, que mañana ayunaremos.
Bebe Bras, más tú, Beneyto, beba Pidruelo y Llorente, bebe tú primeramente, quitarnos has deste preito. En beber bien me deleyto, daca, daca, beberemos, que mañana ayunaremos.
Tomemos oy gasallado, que manana viene la muerte, bebamos, comamos huerte, vamonos para el ganado, no perderemos bocado, que comiendo nos iremos,que mañana ayunaremos.


(Villancico "Hoy comamos y bebamos" de Juan del Encina)


Si contemplamos esta fotografía de una bucólica España agraria ya pasada, y la concordamos con la letra del villancico renacentista transcrito; no podemos por menos que descubrir esa corriente de la historia que discurre subterránea a la celebración navideña. Sí; me refiero a las Saturnalia romanas; también una fiesta campestre (de final de ciclo) con notas carnavalescas. Una fiesta de los esclavos romanos donde a modo de comparsa trocabánse en patricios.

(representación de la Navidad de Diego Velázquez)

Para algunos, y no sin cierta razón, el Cristianismo solapó con la Natividad de Jesús ese ritual pagano. Y sin embargo, si miramos más allá de los excesos saturnales (tan contemporáneos hoy en nuestra Navidad del siglo XXI) existe un punto de unión: una fiesta de esclavos. Sí; así como las saturnalia era una liberación siquiera ficticia, también el anuncio del nacimiento de un Mesías liberador, que a todos nos igualara en dignidad , supone una liberación (esta verdadera); un anhelo de justicia. Felices fiestas; que nos alegremos porque nos ha nacido un Niño que nos ha liberado de la esclavitud.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Sabidurías bajo la lava.


Las sabidurías de la antigüedad. Contrahistoria de la filosofía, I. Michel Onfray. Editorial Anagrama. 2007. Barcelona.

Michel Onfray. El deconstructor de la cultura dominante (Platón), la que como en una erupción volcánica sepultó bajo la lava idealista a esa otra rama materialista del pensamiento antiguo ( el atomismo abderitano, la sofística antifoniana, la alegría de Aristipo, el cinismo de Diógenes, el archipiélago hedonista de Epicuro, Filodemo, Lucrecio y Diógenes). Michel Onfray el arqueólogo que reconstruye de esta colosal Herculano del pensamiento los vestigios de toda una contratradición conectada con los gimnosofistas hindúes (unos filósofos desconocidos). El “genio” filosófico griego es tributario de toda una serie de contactos con los saberes mesopotámicos e indostaníes.
En el preámbulo de esta sugerente obra; el autor nos señala que la historia es débil con los ganadores y despiadada con los perdedores y que a este aserto no se sustrae la misma historia de la filosofía; una historia necesitada de crítica; urgida de una revolución metodológica, donde sorprendentemente han pasado a la posteridad conclusiones que no resisten una crítica historiográfica mínima.
El iniciador en el que se cristaliza esta contratradición materialista es Leucipo de Mileto (s.V a.C.) donde nos encontramos un pensamiento capaz de resistir el posterior cristianismo dualista (cuerpo y alma), idealista y espiritualista. Sólo existen los átomos, el vacío y los movimientos de los primeros en el segundo. Esta opción física surge de contemplar la danza de las partículas en suspensión en un rayo de luz. No se deja lugar a las divinidades; se da un papel central al hombre que se contempla así mismo y no bajo los ojos de aquéllas.. La ética surge de la física a modo de eudemonía (bienestar, serenidad, felicidad) donde se inserta el hedonismo (placer). Se propone una moral de la alegría de vivir.
¿Por qué el corpus filosófico dominante insiste en colocar a Demócrito de Abdera como presocrático? (se pregunta Onfray). Por ninguneo de los seguidores de la tradición idealista, pese a que es menor que Sócrates y le sobrevive. Presocrático viene a ser como prefilósofo. Ninguneo y odio (Platón -contemporáneo de Demócrito- nunca lo cita y abiertamente declara querer quemar sus obras). Retoma el atomismo de Leucipo. Estamos ya ante la consolidación del monismo filosófico (sólo existe el cuerpo, la materia; el alma es un artificio del lenguaje para designar una sensación corporal). Es una respuesta a la esquizofrenia pitagórica de cuerpo y alma. Aquí también la alegría es la finalidad de toda moral. Los hombres son libres para construir su destino. La alegría es lo útil; la insatisfacción y el desagrado lo inútil. El hombre es el centro; los dioses o no existen o son indiferentes; el hombre es libre para construirse sin temores ni angustias. Como el hombre (su cuerpo) es el centro nos encontramos con un monismo (sólo existe la materia) y desde el sensualismo ( sólo conocemos a través de nuestros sentidos) se transita hacia el perspectivimo y el relativismo. Puesto que los dioses no existen, no hay que tenerles miedo. El hombre se construye a través de sus deseos y placeres (lo útil) donde no hay pecado (puesto que no hay dioses o al menos no se preocupan de nosotros); sólo la precaución de que tales deseos y placeres no hagan perturbar nuestra paz; por eso hay que evitar los deseos y placeres alienantes (los que reducen o anulan nuestra libertad, nuestra autonomía). Búsqueda del placer no alienante y evitación del displacer. Tender a la alegría; reirse del mundo. La existencia en este mundo es un gran viaje (Hiparco) donde no debemos perdernos en el pasado y en el futuro, sino en disfrutar del instante presente. No dejarse afectar por nada que provenga del exterior (Anaxarco). El placer de ser y existir como una individualidad soberana que se realiza.
¿Por qué tienen mala reputación los sofistas?. Otra vez -como en el caso de los atomistas- planea la figura condenatoria de Platón (su obra Fedón). También ninguneados. También presocráticos, pese a que muchos son contemporáneos y posteriores a Sócrates. Con Antifón de Atenas (El arte de combatir la tristeza)se inventa (25 siglos antes que Freud) algo parecido al psicoanálisis: el alma como parte del cuerpo se cura a través de la conversación terapeútica. Libertario (enemigo del nomos y partidario de la physis). Celoso de la esfera privada individual. El nomos (la ley civil) es antihedonista. El individuo frente a la sociedad (que nos domestica y modela). No existe ninguna mística comunitaria: sólo un agregado de individuos. Por eso todos somos iguales (griegos y bárbaros; hombres y mujeres). Es la cultura (la sociedad) la que nos hace desiguales. De la naturaleza (physis) surge una ética radical: el hecho de ser iguales nos impone la dignidad de respetarnos.
¿Y el estigma superpuesto a la palabra “placer”?. ¿Se puede ser filósofo y hedonista?. Aristipo de Cirene es junto con los atomistas el precursor de Epicuro. Aristipo el filósofo callejero (silenciado por Platón). Quien nos recuerda nuestra dimensión animal (nuestra naturaleza), porque todos los sentidos son medios para acceder al conocimiento. La dimensión soteriológica de la filosofía tan del gusto de Onfray. Rechazar el displacer: todo lo que ata, constriñe o crea obstáculos. Buscar el justo medio (eumetría); no buscar (como a la caza) ocasiones de placer fuera del lugar en el que se encuentran ya que con ello uno aliena su independencia de espíritu y su libertad, o volviendo con las manos vacías (perder el tiempo) y resultar frustrado. La alegría hay que saberla hallar dentro de la dimensión puntual del tiempo (en el presente). El pecado pagano consiste en dejar escapar el presente. Existen los cinco sentidos (no sólo la vista y la voz de la filosofía dominante; también el olfato, el gusto y el tacto) que son los que nos conducen a la certeza: el placer corporal (la alegría). Que no es el placer de las bestias, sino un placer trabajado por nuestra conciencia (donde no perdamos el control, nuestra libertad). No se trata de abrasarse, sino de calentarse. La felicidad se construye con la suma de los instantes de placer. El hedonismo como método del eudemonismo.

Otros aliados en la guerra común antiplatónica. Los cínicos. Antístesnes decía ver muchos caballos en el mundo real; pero no lograba hallar la equinidad platónica (la idea de caballo). El concepto perro no ladra (se dirá por otros). En el mundo de las ideas, la vida desaparece tras los espectros. Diógenes busca con su linterna no al hombre u hombres particulares, sino al concepto de hombre de Platón. El cínico a través de la burla desmonta el idealismo: cuando Platón señala al hombre como bípedo implume; Diógenes le lanza a sus pies un pollo desplumado. El nomos no hace la felicidad, sino la physis (otra vez). El hedonismo es también una ascesis: de la negación de ciertos placeres emerge otro placer (la alegría incesante, la ausencia de pena, la paz del alma, la serenidad, el espíritu alegre...). El hedonismo -contrariamente a la caricatura platónica (Filebo)- no es la obediencia a los instintos, a lo gregario; es la búsqueda de los placeres liberadores, no alienantes.
La heterodoxia de Eudoxio de Cnido (s.IV a.C). Heterodoxia porque es aquí un platónico el que establece que el placer es un bien en sí mismo. La obra de Pródico de Ceos (s.V.a.C.) no ve incompatible el placer con la virtud.
Los cerditos del Jardín de Epicuro (s.IV a.C.) por su complexión física no pueden levantar la cabeza y contemplar el cielo de la ideas platónico. Están obligados a rebuscar con su hocico en lo real (la tierra). Filosofamos a través de nuestro cuerpo (fisiología de la filosofía) en el marco de un contexto histórico. La filosofía con finalidad soteriológica (pensar para vivir). Cambiémonos cada uno de nosotros antes de cambiar el orden del mundo. Salvación individual ante el derrumbe de un mundo que no tiene remedio. ¿De verdad Epicuro es un monstruo entregado sin control a los instintos y a las pasiones abrasadoras; en definitiva, al goce grosero, bestial?. ¿Es esta una filosofía del bajo vientre?. No. Estamos ante un proyecto pensado para salvarnos del sufrimiento; o al menos amortiguarlo. Se trata de combatir el miedo, el temor, el dolor y el sufrimiento. Una medicina preventiva para atacar las causas de nuestra aflicción. Filosofía como medicina (Tetrafarmakon). No hay nada que temer de los dioses; ni de la muerte; se puede soportar el dolor y lograr la felicidad. No hay nada fuera de la materia. Los criterios de verdad residen en nuestras sensaciones y afecciones. Las mitologías mantienen alienados y dóciles a los hombres en el temor, la angustia y el terror.. Otra vez los átomos, el vacio y su movimiento. La muerte no es otra cosa que la descomposición de los átomos (no hay metafísica). Vivamos bien y muramos bien. ¿Ateísmo tranquilo?. El tema de los dioses nos debe resultar indiferente; al fin y al cabo ellos no se preocupan de nosotros. El mal en el mundo no es fruto del pecado; es simplemente sufrimiento. Paliémoslo y busquemos la alegría a través de una ascesis hedonista (ataraxia epicúrea). Epicuro precusor del utilitarismo.Dietética de los deseos; aritmética de los placeres. Nada que ver con abandonarse a ellos (lo que provocaría displacer a la larga al perturbar nuestra serenidad). Incluso un dolor pasajero es admisible si provoca una felicidad futura. ¿Y lo social?. El Jardín de Epicuro es la anti-República de Platón. Sólo se admite como válido el contrato consensuado entre individuos iguales para construir una intersubjetividad libre: existe un derecho natural (physis) que nos dice que es útil no hacernos daño unos a otros, ni sufrirlo; que lo justo o lo injusto es fruto de lo que convenimosnos; no existe una justicia en sí misma sino derivada de esta convención. Fuera de aquí no es posible la comunidad.
La tarea romanizadora del pensamiento epicúreo. La popularización epicúrea. Filodemo de Gadara (ss.II-I a.C.). Tesoros literarios descubiertos bajo la lava solidificada de Herculano y Pompeya que nos hablan de la construcción del hombre por sí mismo, de su identidad , de la talla de su subjetividad. Como si se tratara de esculpir un mármol. Elogio de la dulzura de vivir, de la amistad....que nos lleva a la serenidad. El carpe diem horaciano. Aprovechemos las rosas de la vida antes de que se marchiten. ¿Y la cuestión de nuestra muerte?. El verdadero pecado mortal consiste en aceptar todo lo que supone una vida colocada bajo la pulsión de la muerte. Hay que vivir a modo de dioses inmortales, sin temor a la muerte. Filodemo introduce la estética como factor de placer, como ocasión de alegría; la cultura como coadyuvante a la alegría, de la pacificación del alma. ¿Y lo social?. El pragmatismo latino. La infiltración de las tesis epicúreas en la comunidad política como proyecto para intentar también hacer un orden más humano; pesa la desconfianza prístina epicúrea hacia la política. Filodemo desconfía de la democracia (del poder de una mayoría inculta), como también del poder en manos de un autócrata. Ni masas, ni déspotas. Por ello la infiltración de la ética epicúrea como vía de reformar el orden colectivo.
Sigamos con la romanización del pensamiento epicúreo de la mano de Lucrecio (s. I a.C.). De rerum natura. El materialismo encantado según crítica acerba de San Jerónimo (s. IV-V) el príncipe de los traductores.¿Encantado?; se pregunta Onfray. ¿Acaso loco, apestado, hechizado?. Cuestiones al margen del contenido de su discurso: materialista, anticreacionista, mecanicista....o, quizás según Onfray, precisamente por esto se le tilda de loco; puesto que asesina las ficciones, las quimeras. Aterriza en el mundo real. Inmanencia pura, mecánica,átomo, materia; pero dotada de un impulso vital (dinámica, cinética de la materia; epifanía libre, no ciega de la materia en un contexto donde la potencia motriz es la voluptuosidad ). Los dioses como imagen hipostasiada de los propios hombres. Sólo existe un devenir de manera atomística. Puesto que la muerte se lo lleva todo, consagremos nuestra existencia a la alegría (ataraxia griega, dolor absit latino). No nos alegramos de las desgracias ajenas, pero estas nos deben hacer conscientes de que debemos aprovechar nuestra vida; ¿cómo?: un cuerpo que no sufra y un alma (recuérdese que es parte misma del cuerpo dentro de esta filosofía) sin temor. Contentarse con lo que se tiene y reducir nuestros placeres a lo que fácilmente podemos conseguir siempre que no nos aliene (que no perturbe nuestra serenidad). Convertirnos en lo que somos. Ser lo que somos. Disociación de sexo, amor y procreación. La pasión, el amor construído en un tiempo compartido....
Convendrán conmigo que es bueno aquilatar estas otras sabidurías; y comprobar como en muchos aspectos están provistas de tesoros que alimentan nuestra alma (ya sea ésta material para los monistas o espiritual para los dualistas). José Antonio Marina y Michel Onfray se encuentran citando a Bergson; el primero al evocarlo allí donde decía que el último fundamento del universo es una corriente creadora que iba configurándose en realidades distintas, y pensaba que los místicos tenían la capacidad de percibir más vivamente esa energía; el posmodernista Onfray cuando nos ilustra sobre la expresión bergsiana: capricho del átomo; o de como la física atomista del clinamen abre perspectivas ontológicas, metafísicas.

De cómo nos alegramos con las dichas de nuestros amigos.

Virgen de Czestochowa

Querida Concepción. Esta entrada para manifestarte siquiera de manera tardía mi alegría por la recuperación de Chema y porque con él nos recuperamos también sobretodo nosotros. ... "la palabra -santo- no se refiere en primer lugar a la santidad de las personas, sino al don divino que regala la santidad en medio de la maldad humana".Un fuerte abrazo (la negrita cursiva es de Joseph Ratzginger).

sábado, 22 de agosto de 2009

José Blanco. Apóstol del Leviatán.


Don José Blanco , ministro de Fomento, ha abierto el debate sobre la necesidad de la subida de impuestos y del necesario ajuste en el sueldo de los empleados públicos; pero es tal el revuelo armado, que se ha visto obligado a calificar todo ello como una reflexión personal. Y sin embargo sus palabras están cargadas de una parte de razón; porque no parece posible mantener el gasto o aumentarlo, sin una correlativa subida de impuestos, en un escenario de hundimiento de la actividad económica y paralelo descenso de la recaudación pública.
Pese a mis recelos iniciales creo que es uno de los mejores ministros de un Gobierno sobrepasado por el contexto económico y que va a rebufo de los acontecimientos. Se le achaca falta de competencia técnica; en fin, no será ingeniero, etc. pero tiene un sexto sentido innegable para la cosa pública.
Pero en auxilio del Sr. Ministro voy a citar un argumento de autoridad intelectual: es la reflexión de un autor que a decir de algunos liberales es un precursor del socialismo.
"Todos los hombres, por naturaleza, están provistos de notables lentes de aumento, que son sus pasiones y su amor propio, a través de las cuales cualquier pequeño pago les parece sobremanera gravoso; pero están desprovistos de esas otras lentes anticipadoras, esto es, las lentes de la moral y de la ciencia civil, que les permitirán distinguir desde lejos las miserias que los esperan y que no podrán evitarse sin esas contribuciones."
El pensador es Thomas Hobbes y lo referido se enmarca dentro de una disertación sobre los derechos del Soberano dentro de su obra Leviatán o la materia, forma y poder de un Estado eclesiástico y civil . ¿Será verdad que Hobbes de vivir en nuestra época sería socialista?.

lunes, 3 de agosto de 2009

Tiempos de déficits. La ilusión del gasto. De como el gasto público prolongado afecta a la propia democracia.

"La democracia posee una natural proclividad a generar déficit por la sencilla razón de que los políticos, que tienden a complacer al electorado, consideran ventajoso aumentar el gasto público y, por el contrario, les resulta incómodo elevar los impuestos. La herencia de lord Keynes es la legitimación política de los déficit presupuestarios......¿Cuánto tiempo podrán tales regímenes soportar el incremento continuado del déficit?.....¿Es posible restaurar la disciplina fiscal antes de que se produzca un colapso total?. ¿Pueden las democracias someterse a una disciplina mediante la aceptación de restricciones constitucionales?". Sin embargo, "una democracia política, una vez comprometida en una sucesión de déficits financiados monetariamente motivados por el keynesianismo, puede verse incapaz de variar su rumbo".
Añadiría yo:no existe la plétora potencial que nos dicen los economistas marxistas, sino la ley de la escasez; por eso "una nación no puede sobrevivir con instituciones políticas que no se enfrentan al hecho esencial de la escasez". De esta guisa comienza la introducción de la edición española del librito "Déficit del sector público y Democracia" de James M.Buchanan y Richard E.Wagner publicado por Rialp, Madrid, en 1983 (la edición estadounidense es de 1977).
¿Qué es lo que forjó Keynes?. Pues el abandono de los prinicipios clásicos de responsabilidad fiscal (el que el Gobierno no debe gastar sin decretar impuestos). Lo prekeynesiano o clásico se basa en una analogía entre el Estado y la familia. Sería así la conducta financiera prudente la que debería informar la toma de decisiones (principio del equilibrio presupuestario; únicamente admitiéndose déficits en circunstancias extraordinarias (guerra, etc.). Los hacendistas clásicos aconsejaban incluso un presupuesto con un superávit moderado para posibles contingencias extraordinarias. Tal es así que la deuda pública era muy mal vista porque eso suponía hacer responsables del gasto de hoy no a los actuales contribuyentes, sino a los futuros (a quienes se traslada el coste). El servicio básico del principio clásico del equilibrio presupuestario es constreñir la tendencia al gasto; manteniéndolo dentro de los límites de renta generados por los propios impuestos. La labor de minado intelectual de Keynes estriba en haber dado un golpe de muerte a la cosmovisión de la hacienda pública clásica. De hecho rompe el apuntado anterior constreñimiento.
Toda financiación pública sabemos que puede tomar tres formas alternativas o simultáneas: a)impuestos, b) emisión de deuda y c)creación de dinero (emisión de papel moneda);tanto el endeudamiento como la creación o emisión de papel moneda propenden a la inflación, son dos formas sofisticadas (indirectamente) de extraer recursos; pues bien, la financiación impuestos-emisión de deuda pública se obscurece en el pensamiento keynesiano.
El pensamiento clásico, por contra, viene a resaltar esa idea: "la financiación por medio de impuestos coloca...la carga del pago sobre los miembros de la comunidad politica del período en que se toma la decisión de gasto.....La financiación por medio de deuda permite a quienes viven en el momento de la decisión fiscal trasladar el pago a aquellos que vivirán en períodos futuros...." (vemos como se produce una alteración en la secuencia temporal pago-gasto). Por eso se ha dicho con acierto que la quiebra de la constitución fiscal clásica (equilibrio presupuestario) está en la quiebra del nexo gasto-impuesto.
Y todo por una profecía incumplida: menos desempleo y menos inflación. El legado keynesiano es la supuesta legitimación intelectual de las opciones políticas que tienden al gasto, a la inflación y al crecimiento del sector público por medio del déficit. Y todo porque el marco keynesiano niega la mayor (el autoequilibrio del mercado). Nace así la macroeconomía. Se dota de un nuevo papel a ese Leviatán que llamamos Estado (la prosperidad económica de una nueva Jerusalen). Para tal objetivo arrasamos como una apisonadora los viejos principios: el equilibrio presupuestario. Porque al decir de estos nuevos profetas los Gobiernos no son como las familias; pueden mantenerse en el déficit ad infinitum.
Síntesis de la nueva política económica: "Si alguna de estas fuerzas o sucesos extraordinarios y exógenos (un colapso en el sistema bancario y monetario, una revaluación de la moneda que lleve al desequilibrio o una catástrofe física) generara una reducción de la demanda global de bienes y servicios en la economía, una reducción que ha modificado dramáticamente las expectativas, la producción y el empleo se reducirán posiblemente junto con los precios y salarios, aunque este último hecho pudiera esconderse detrás del primero. En este contexto, un programa explícito de expansión del gasto global de la economía mediante medidas fiscales..modificará las expectativas empresariales y logrará aumentar el volumen total relativo de gastos dentro de los costes totales de trabajo....Como resultado, la producción y el empleo experimentarán junto con un aumento en los precios, aunque esto último pudiera esconderse tras lo primero".
O sea:
- Crear déficit cuando la demanda global no llegue al pleno empleo.
- Provocar superávit cuando esta demanda global amenaza con superar los objetivos de pleno empleo; generando inflación.
De suerte que la política fiscal en esta hacienda funcional no deja de ser un instrumento de estabilización. La idea en boga es que el equilibrio presupuetario es consubstancial a la inestabilidad económica; por tanto hemos de utilizar el presupuesto como herramienta de estabilización. Y todo esto pese a que los aumentos de demanda global no pueden estimular permanentemente el empleo. No sirven las recetas keynesianas en el mundo moderno donde inflación y empleo van de la mano. Pero con todo el verdadero problema de esta teoría era y es el esquema institucional en el que se tuvo y se tiene que dar: la duras realidades de la política democrática. Digámoslo de manera ilustrativa: "los programas de gasto resultan populares; y los impuestos no los son" (este es el mundo institucional de las sociedades democráticas). La estructura institucional ejerce influencia sobre toda política económica. El marco institucional democrático genera en la práctica una prolongación de los déficits (los políticos no se atreven a ofrecer recortes de gastos por resultar impopulares). Las instituciones cuentan; hasta tal punto que ofrecen una percepción deformada de la realidad; de tal guisa que al elector se le traslada de manera deficiente la relación coste-beneficio de su propia elección.
¿Por qué pasa esto?. Es decir, porque el electorado apoya las políticas de gasto galopante; a los irresponsables fiscales causantes de inflación, déficit e intervencionismo?: "Una estructura de pagos compleja e indirecta crea una ilusión fiscal que producirá sistemáticamente mayores niveles de gasto público que los que se darían dentro de una estructura de pagos simple. Los presupuestos pueden ser relacionados directamente con la complejidad y tortuosidad de los sistemas impositivos. Los costes de los servicios públicos, según se perciben en general, serán más reducidos bajo una imposición indirecta que bajo una imposición directa. Y serán más reducidos bajo una multiplicidad de fuentes de gravamen que bajo un sistema que descanse básicamente en una sola fuente". Las instituciones fiscales pueden afectar las percepciones fiscales de las personas. Un ejemplo ofrecido por estos profesores. El de una tarjeta Visa. Mientras se utiliza da la sensación (ilusión) de que no cuesta adquirir bienes, pero al final (con el extracto o factura final) se ha de abordar el coste de tales ilusiones. Tal pasa con el endeudamiento: la sustitución de la financiación a través de impuestos por deuda pública tiene el efecto de reducir el precio percibido de los bienes y servicios públicos.
Superávits, déficits y democracia:
Lo que se ve en los superávits: Exigencia para los superávits: aumento de impuestos, rebaja de gastos o combinación de ambos.
Consecuencias: pérdida de renta disponible actual entre los ciudadanos. Sacrificio actual.
Lo que no se ve y requiere ser imaginado en los superávits: Evitación de una espiral inflacionista. Consecuencias: estabilidad de precios y de la economía; aumento general de renta disponible.
Lo que se ve en los déficits: Todos ganamos de forma inmediata. La ilusión de que los servicios públicos son más baratos que los privados. Reducimos los impuestos, aumentamos el gasto o combinamos ambos. Crecimiento del sector público.
Lo que no se ve y requiere ser percibido de forma creativa: Impacto inflacionario.
Buchanan y Wagner nos señalan: "El hombre prudente actúa sabiamente cuando se autoimpone reglas de comportamiento, reglas que pueden vincular sus acciones en una serie de pasos futuros no predecibles. ¿Es imposible esperar que los prudentes miembros de asambleas legislativas democráticas pudieran actuar de forma similar?. ¿No tendríamos que buscar una reforma institucional genuina dentro de la estructura de la toma democrática de decisiones, más bien que buscar cambios que sustituyan a esta estructura?...... (y en la base de esa aquilatada reflexión está el que).... Hemos de mirar la aplicación y la aceptación de la economía keynesiana en un marco político donde la democracia es una realidad, donde las decisiones son tomadas por políticos profesionales que responden a las exigencias tanto del público como de la propia burocracia. Y es que la competencia partidista corolario de la democracia es un factor más en el fracaso de lo keynesiano. Competencia partidista que tiene como primer objetivo el apoyo del electorado, siendo para esto clave la promesa de programas de gasto; condicionantes de la ulterior política presupuestaria (más gastos y menos impuestos). Deciden unos pocos, pero deciden bajo la presión de la mayoría (electores) y en el contexto de una burocracia crecida.
En los albores de todo esto (en la implemetación de esta filosofía económico-fiscal) todavía el mismo Franklin D.Roosevelt era partidario del equilibrio presupuestario: "Tengamos el valor de frenar el endeudamiento para absorber el continuo déficit...Los ingresos tienen que cubrir los gastos. Cualquier Gobierno, como cualquier familia, puede un año determinado gastar un poco más de lo que gana. Pero Vds. y yo sabemos que una continuación de tal costumbre significa la pobreza". Pero los nuevos corifeos de la nueva religión fiscal entonaban una nueva salmodia: El desequilibrio pasivo no es motivo de alarma; es más, el déficit en sí es un factor de prosperidad, una fuerza correctiva de la inestabilidad. . Esto, unido a que Franklin D.Roosevelt se dió cuenta que era más popular menos impuestos y más deuda allanaron el camino. Como los viejos principios todavía pesaban, ahora se hablaba (frente al equilibrio presupuestario anual clásico) de un equilibrio presupuestario hipotético (en un hipotético nivel de renta nacional).
El espíritu del nuevo tiempo (el zeitgeist hegeliano) fue: a) una erosión generalizada de los costumbres públicas y privadas; b) mayor liberalismo en lo sexual; c) decaimiento de la ética puritana del trabajo; d) deterioro en la calidad de los productos; e) explosión de la Seguridad Social; f) aumento de la corrupción tanto en lo público como en lo privado y g) desentendimiento de la cosa pública por parte del ciudadano. La otrora rectitud fiscal es hogaño tachada de reaccionaria; a partir del "New Deal" rooseveltiano los políticos elegidos democráticamente saben que existe una relación causa-efecto entre: programas de gasto - resultado electoral favorable.
Consecuencias de esto: a) déficit, b) inflación y c) intervencionismo estatal creciente. Entre sí se retroalimentan. A nadie se le oculta que existe una relación directa entre inflación y tamaño del sector público. Esta es la cosecha keynesiana, que a la larga puede resultar letal para las propias democracias. Política keynesiana y democracia política resulta ser una mezcla inestable. Y es que la aplicabilidad de cualquier cuerpo de doctrina se ve condicionada por las instituciones donde reside el poder decisorio. Digamoslo abiertamente, el keynesianismo desde el énfasis en los resultados se da mejor en una sociedad totalitaria; donde un comité de sabios (élite) no está limitado por todo el complejo que supone una sociedad democrática (participativa) con todo su entramado -lo electoral, agradar a los votantes, la participación de los ciudadanos (contribuyentes y también beneficiarios de hipotéticos programas de gasto). Con todo, incluso en una sociedad totalitaria, pudiera ser que los déspotas o el déspota tampoco atendieran los consejos de tal consejero aúlico (como Platón con Dioniosio el tirano de Siracusa).
Historia en cifras del período keynesiano estadounidense (1961 a 1976. Kennedy, Johnson, Nixon, Ford):
- Ni un sólo ejercicio con superávit; es decir, 15 años de déficits ( 230.000 millones de dólares).
- Gasto público: Cifras cercanas al 50% de la renta nacional
- Subida acumulada de la inflación del 90%
Historia en cifras del período 1947-60 (Truman. Eisenhower).
- 7 años de déficits y otros 7 de superávits (incluso en plena guerra de Corea) que practicamente supusieron un equilibrio.
- Con una tasa anual de crecimiento de precios de aproximadamente un 1% anual.
En cuanto a lo referido sobre intervencionismo es ilustrativo como el mismo Schumpeter (nada sospechoso de ser antikeynesiano) señala como una espiral inflacionista de hecho desempeña una papel fundamental para implementar políticas intervencionistas en contra del principio de libre empresa; dándose la paradoja de ser culpadas las empresas de esa espiral, con lo que se acelera la espiral. La inflación es una cosecha de esta nueva política económica; pero entre sus efectos está el de distorsionar el mercado (falta de información, incertidumbre, provocar una mayor dificultad a la hora de planificar intertemporalmente, de formación de los estados contables). Pero sin duda lo peor es el velo institucional: la perversidad de hacer culpables de ella a las empresas y no al propio Gobierno (que es el que cobra "más impuestos en términos reales"). Ya conocemos la receta pública al uso: controles sobre precios y salarios. Sin duda la inflación refuerza alguna de las conductas de estos nuevos tiempos arriba relatadas. Su lema sería: ¡¡¡Disfrute, disfrute el presente, no se preocupe del futuro!!!.
Pero sigamos con la verdadera bestia negra, el déficit. Lo cierto es que el contribuyente caso de pagar de forma directa (a través de impuestos directos) todo el aparato social, seguramente no daría su apoyo al Gobierno de turno. Y entonces cabe preguntarse ¿por qué se consiente por los ciudadanos estos imponentes presupuestos deficitarios?. La respuesta ya se ha apuntado más arriba: la percepción de una ilusión.
Supuesto todo esto. ¿Qué hacer?: Confeccionar un diseño constitucional donde se elabore una regla o conjunto de reglas (sistema) que limiten (conformen) la elaboración del presupuesto. Reglas o reglas sencillas; es decir, entendibles, que se pueda verificar su violación, que expresen valores ciudadanos y que tenga sentido. El mismo principio clásico del equilibrio presupuestario es una regla clara y sencilla. Cabe poner claúsula de escape claras (guerra o crisis grave). La regla pudiera ir acompañada de mecanismos específicos de ajuste (aumentos de tipos impositivos al fallar la recaudación o reducciones de gasto o combianción de ambos).
Por ello los profesores Buchanan y Wagner hacen la siguiente propuesta:

- Presentación anual de un proyecto presupuestario equilibrado por el Gobierno.
- Las proposiones o modificaciones parlamentarias han de conformarse a esta estructura de equilibrio.
- Si se produce un déficit por resultar errónea la previsión de ingresos actuar automáticamente con ajustes como los arriba señalados.
- Caso de superavit aplicarlo a cancelación de deuda pública.
- Suspensión de la regla en casos excepcionales ( declaración de guerra o declaración de emergencia nacional por el Parlamento)
- Obligar al emisor de moneda a que solo pueda incrementarse la masa monetaria a una tasa equivalente a la tasa de crecimiento de la producción real de la economía.